Hoy, los cristianos católicos celebramos el Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario.
Uno de los temas principales de los pasajes bíblicos de hoy es el de la conversión, o el cambio de la vida.
Por ejemplo, en libro de Ezequiel (18: 25-28), escuchamos que es virtuoso cambiar nuestra vida de la maldad a hacer lo que es correcto. Además, cuando cambiemos nuestras vidas, viviremos.

Y en el Evangelio de Mateo (21: 28-32), escuchamos la historia de dos hijos. Cuando su padre les pidió a ambos que fueran a trabajar a su viña, un hijo dijo, “No quiero.”  Más tarde, sin embargo, cambió de opinión y entró en la viña para trabajar. El segundo hijo, al escuchar la petición de su padre de ir a la viña, dijo inmediatamente, “Si, Señor,” pero no fue.  La moraleja de esta historia es que las acciones hablan más que las palabras.

El hijo que dijo “no” a la orden de su padre para ir a la viña, pero más tarde cambió de opinión y se fue a trabajar, es un modelo de conversión. Pasó de la desobediencia a la obediencia, del vicio a la virtud.

Hoy, escucharemos la historia de un hombre que tuvo una experiencia similar. Su nombre es Juan Pridmore.

Juan Pridmore nació en un hospital del Ejército de Salvación en el este de Londres, Inglaterra.

Cuando era niño, sus padres lo bautizaron como cristiano católico, pero nunca lo llevaron a la iglesia o lo enviaron a una escuela católica.

Cuando él tenía sólo 10 años, sus padres se divorciaron. Esto hirió mucho a Juan porque los amaba a ambos. Juan en el fondo, llego a un nivel inconsciente y decidió a no volver a amar a nadie nunca más. Si no amaba a alguien, nadie podría volver a hacerle daño.

Juan entonces comenzó una vida como delincuente juvenil, robando y actuando agresivamente hacia otros. Cuando tenía 15 años, fue enviado a un centro de detención juvenil. Se enfureció de su vida, y su ira interior creció mucho más.

Juan abandonó la escuela y comenzó a robar todo el tiempo. Comenzó a usar sustancias que alteran la mente como el alcohol y otras drogas para adormecer su dolor. Su vida se puso tan fuera de control que terminó en la cárcel. En un momento dado, los funcionarios de la prisión tuvieron que ponerlo en confinamiento solitario debido a su violencia.

Cuando tenía 19 años, Juan pensó en suicidarse. Cuando fue liberado de la prisión, estaba más amargado y violento que nunca. Consiguió un trabajo como gorila en los clubes del Este y Oeste de Londres. Allí, conoció a algunos hombres que dirigían la mayoría del crimen organizado en Londres y comenzó a trabajar para ellos. Juan desarrolló una desconfianza masiva del mundo, y creía que todo lo que él quería, lo tenía que tener.

Sin embargo, Juan descubrió, que todas las posesiones, relaciones y drogas no lo hacían feliz. En su lugar, le hacían sentirse enfermo porque su estilo de vida estaba matando lentamente su espíritu.

Una noche, después de herir a un hombre en una pelea, Juan comenzó a reflexionar sobre su vida. Empezó a ver el egoísmo de su vida. Pero una noche, oyó una voz dentro de él, y por primera vez, comenzó a orar. Juan le dijo a Dios cómo había tomado tanto de los demás, y ahora todo lo que quería hacer era dar a los demás. De repente, Juan sintió que el Espíritu Santo venía sobre él y el amor de Dios entraba en él. Se dio cuenta de que Dios tenía un plan.

Emocionado por esta experiencia espiritual, Juan fue a decirle a su madre, la única persona religiosa que conocía. Juan se sorprendió al saber que su madre acababa de terminar una novena – una oración de nueve días – y fue en el noveno día que Juan había experimentado su experiencia de conversión. A consejo de su madre, Juan fue a su propio retiro. En el noveno día del retiro, Juan celebró el Sacramento de la comunion

Hoy, Juan da charlas inspiradoras en todo el mundo acerca de cómo uno puede cambiar el curso de su vida. Escribió un libro sobre su vida llamado De la Ganga a Una Tierra Prometida. Como Juan ahora dice, “La vida no tiene sentido hasta que estés cerca de Jesús”.

De los pasajes bíblicos de hoy, y de la historia inspiradora de Juan Pridmore, podemos aprender muchas cosas. Aquí hay sólo tres.

En primer lugar, nadie es perfecto. Incluso los más grandes de los santos han tenido defectos. Algunos fueron pecadores notorios, como el sediento de sangre de San Olga de Rusia que mató a muchos hombres, y el Beato Bartolo Longo que pasó de ser un sacerdote satánico a un hombre beatificado por la Iglesia Católica, mientras que otros eran conocidos por tener sólo pequeños defectos a lo largo de su vidas como Santa Teresa, la Pequeña Flor.

En segundo lugar, nunca es demasiado tarde para cambiar. No hay tal cosa como estar “demasiado lejos” para alcanzar la santidad. Después de todo, ¿quién era el único hombre que Jesús mismo declaró estaría con él en el cielo? Sí, el “buen ladrón” que sufrió la pena de muerte con Jesús.

Y tercero, es importante recordar que las acciones hablan más que las palabras. Cada adulto, imagino, conoce a ciertas personas que son rápidas a ofrecerse voluntariamente para ayudar con un proyecto o servir en un comité. Pero, tan cierto como el sol se levantará en el Este y se pondrá en Occidente, llamarán en el último minuto con alguna excusa por qué no pueden hacerlo.

A medida que continuemos nuestro viaje de vida esta semana, sería una buena idea para reflexionar sobre nuestros propios viajes de vida. ¿Cómo hemos cambiado las direcciones de malas a buenas en nuestras vidas?

Y estas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario, 2017.

                                                                                                                                               

Story source:  Clare Murphy.  “The conversion of Juan Pridmore, a former gang member

from the East End of London.”  Prezi, 17 September 2012.