Hoy los cristianos católicos celebramos el decimotercer domingo del tiempo ordinario.
En este día, escuchamos una encantadora historia del Segundo Libro de los Reyes sobre el concepto de hospitalidad a un líder religioso.
En esta historia, encontramos a un profeta con el nombre de Eliseo, el sucesor del gran profeta Elías. Un día, cuando Eliseo visitó la ciudad de Sunem, una mujer con mucho dinero invitó a Eliseo para cenar con ella en su casa. Los dos se hicieron amigos, así que cada vez que Eliseo venía a la ciudad, él cenaba en su casa.

Después de algún tiempo, la mujer le dijo a su marido, “Yo sé que ese hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara para que se quede allí” (2 Reyes 4: 9-10).  Y, eso es exactamente lo que la mujer y su esposo hicieron.

Cuando Eliseo vino a quedarse en la habitación, decidió que la mujer debería ser recompensada por su generosidad. Así que, después de enterarse a través de su sirviente que la mujer estaba en años y no tenía un hijo, Eliseo le prometió, “El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos” (2 Reyes 4: 16).  Y, de hecho, esto llegó a ser.

Entonces, en la lectura del Evangelio de hoy de Mateo, escuchamos a Jesús decirnos que debemos recibir calurosamente a todas las personas que sirven al Señor. Además, promete que cuando honremos a sus seguidores, seremos recompensados.

Antes de discutir algunos de los puntos principales que podemos recoger de las lecturas del Antiguo Testamento y del Evangelio de hoy, únase a mí para ver la vida de un hombre que sirvió a los sacerdotes católicos durante muchos años. Y por su servicio recibió la corona del martirio. Su nombre era Nicholas Owen.

Nicholas Owen nació en algún momento en el 1562 en Oxford, Inglaterra. Su padre era carpintero, y Nicolás aprendió muy bien el oficio. De sus tres hermanos, dos se convirtieron en sacerdotes jesuitas, y uno se convirtió en un impresor y distribuidor de libros católicos.

Cuando Nicolás vivía, Inglaterra tenía un conjunto de leyes penales que hacían del crimen ser un sacerdote católico, y la celebración de la misa estaba estrictamente prohibida. Ayudar a un sacerdote católico también se consideró un crimen.

Nicholas, que era un hombre pequeño, cariñosamente le llamaban “Pequeño Juan ” o ” Pequeño Miguel”. Una vez, cayó de un caballo y se le rompió la pierna. Debido a que la pierna quedó mal puesta, tuvo que cojear por el resto de su vida.

Nicholas dedicó su vida adulta a ocultar sacerdotes católicos, especialmente sacerdotes jesuitas. Hizo esto creando escondites en hogares de católicos que querían apoyar a sus sacerdotes. Nicolás siempre trabajaba de noche, y siempre trabajaba solo. Nadie sabía exactamente dónde estaban los escondites en los hogares, excepto el dueño. Estas habitaciones secretas tenían que ser lo suficientemente grandes para que los sacerdotes tuvieran aire, comida y bebida durante varios días. El trabajo de Nicholas era tan magistral e inteligente, que incluso hoy nadie sabe cuántos de estos espacios secretos todavía existen.

Finalmente Nicholas se convirtió en un Hermano Jesuita y continuó su trabajo creando espacios de escondite para los sacerdotes en toda Inglaterra. Santo Edmund Campion fue nos de los sacerdotes al que el sirvió.

Las autoridades inglesas finalmente enviaron al Hermano Nicolás a la Torre de Londres donde los torturaron con tanta violencia que murió en la noche del 1 y 2 de marzo del 1606.

Uno de los sacerdotes para quien el hermano Nicholas trabajó dijo de él: “En verdad creo que no se puede decir que ningún hombre haya hecho más bien por todos los que trabajaron en el viñedo inglés. Fue la ocasión inmediata de salvar las vidas de muchos cientos de personas, tanto eclesiásticas como seculares”.

El papa Pablo VI canonizó al hermano Nicholas Owen, junto con otros 39 mártires de Inglaterra y Gales, el 25 de octubre de 1970. Su día de fiesta es el 22 de marzo.

De los pasajes bíblicos de hoy y de la historia de San Nicolás Owen, podemos aprender muchas cosas. Aquí hay sólo tres.

Primero, el pasaje bíblico de hoy de los pasajes del Antiguo Testamento y del Evangelio enfatiza en honrar – o servir – a los representantes oficiales de Dios. En el mundo de hoy, eso se referiría a aquellos que hacen el trabajo oficial de la iglesia, tales como sacerdotes y otros ministros de la iglesia.

En segundo lugar, aunque la Escritura y la historia de hoy en día sirven a los representantes oficiales de Dios, estamos llamados a servir a todas las personas, porque todas las personas son hijos de Dios. Y si alguien debe recordar esto, somos nosotros, porque nuestro lema de la parroquia es “Servir a Dios Sirviendo a los demas”. Y recuerde, “toda la gente” incluye a nosotros mismos.

Y tercero, aprendemos en las Escrituras que cuando sirvamos y honramos a otros, recibiremos una recompensa. Jesús, por ejemplo, dice: “aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa” (Mateo 10: 42).  Pero aunque es maravilloso que Dios nos recompense, eso nunca debería ser nuestro principal motivo para servir a los demás. Nuestro principal motivo debe ser hacer la voluntad de Dios.

A medida que continuemos nuestros viajes de vida esta semana, sería bueno reflexionar sobre cómo servir a Dios al servir a los demás.

Y esa es la buena noticia que tengo para ustedes en este Decimotercer Domingo en Tiempo Ordinario, 2017.

                                                                                                                                               

Story source:  “St. Nicholas Owen,” in Butler’s Lives of the Saints: New Full Edition:

March, Revised by Teresa Rodriguez.  Collegeville, MN:  Burns & Oates/The Liturgical press, 1999, pp. 221-223.