Hoy los cristianos católicos celebramos el Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario.
En todos los pasajes bíblicos que tenemos hoy, hay un tema que se destaca más que cualquier otro, es decir, que todos somos bienvenidos a seguir al Señor. En Isaías, por ejemplo, escuchamos que Dios no es sólo para el pueblo hebreo. Por el contrario, Dios es para todas las personas. Vemos este mensaje en el Salmo (67) de hoy, que los caminos de Dios serán conocidos por todas las naciones. Y en los capítulos de Romanos y Mateo, escuchamos que Dios es tanto para los gentiles como para los judíos.

Este tema es el de la exclusividad. Y si alguien que está a favor de incluir a todos en la mesa del banquete del Señor, somos nosotros, los católicos cristianos. Después de todo, “católico” significa “universal”. Somos la Iglesia universal, no una iglesia nacionalista. No somos una iglesia étnica. Por lo tanto, los cristianos católicos debemos estar siempre a la vanguardia de dar la bienvenida a todas las personas para formar parte del Cuerpo de Cristo en la Tierra – la Iglesia.

Desafortunadamente, a través de la historia humana, sabemos que siempre ha habido una fuerte tendencia de las personas a excluir a otros. Eso es lo que escucharemos en la siguiente historia contada por Timoteo Paul Jones.

Había una vez una niña de ocho años que llamaré Mary. Una familia la había adoptado cuando era un bebé, pero por alguna razón, nunca la aceptaron igual que a sus hijos biológicos. Por ejemplo, la familia llevaba a sus hijos biológicos a Disney World en ocasiones, pero nunca llevaron a Mary. Mary siempre pensó que la razón por la que nunca fue a Disney World con los otros niños era porque estaba siendo castigada por ser desobediente de una manera u otra.

Después de criar a Mary hasta los ocho años de edad, la familia finalmente decidió disolver la adopción y darla en adopción a otra familia.

Afortunadamente, había un hombre llamado Timoteo que, con su esposa, recibió a Mary en su casa. Decidieron tratarla como a sus hijos biológicos, dándole todo el amor que una niña podría tener.

Cuando Timoteo escuchó todo acerca de la historia de Mary en su familia anterior, decidió llevarla con el resto de la familia a Disney World la próxima vez que tuviera un viaje de negocios al sureste de Estados Unidos.

Pronto, la compañía de Timoteo le dijo que tenía un viaje a Florida en un mes. Inmediatamente, Timoteo y su esposa comenzaron a hacer planes para ir a Disney World mientras estaban en Florida.

El mes antes de emprender el viaje, Timoteo y su esposa descubrieron que Mary no se estaba portando bien. La mayor parte del tiempo, los problemas que ella causaba no tenían ningún sentido para ellos. Por ejemplo, ella robaba comida cuando todo lo que tenía que hacer era pedir un bocadillo, y sus nuevos padres se lo habrían dado con gusto. O le susurraba insultos a su hermana adoptiva mayor sólo para herirla sin razón aparente.

Un par de días antes de dirigirse a Florida, Timoteo hablo con Mary sobre su mala conducta. Ella inmediatamente dijo: “No vas a llevarme a Disney World, ¿verdad?”

En realidad, ese pensamiento nunca había cruzado la mente de Timoteo, pero por un momento, le paso por la mente decirle: “Bueno, si no te comportas, no te llevaremos”. Afortunadamente, no dijo eso. En su lugar, dijo: “Bueno, Mary, ¿es este viaje algo que estamos haciendo como una familia?”

Mary movió la cabeza  y dijo “sí”, con sus ojos abiertos y llenos de lágrimas.

Entonces Timoteo preguntó: “¿Y tú eres parte de esta familia?”

Mary dijo “sí” de nuevo.

-Entonces irás con nosotros. Claro, puede haber algunas consecuencias para ayudarte a recordar lo que está bien y lo que está mal, pero eres parte de nuestra familia y no te dejaremos atrás.

El comportamiento de Mary no mejoró dramáticamente, pero estaba aprendiendo. Por ejemplo, después del primer día completo en Disney World, mientras se acurrucaba en la cama con su peluche, Timoteo le preguntó: “Entonces, Mary, ¿cómo fue tu primer día en Disney World?”

Mary respondió: “Papá, finalmente conseguí ir a Disney World. Pero no fue porque yo me portaba bien, si no porque soy parte de la familia.

Timoteo nunca olvidó este profundo mensaje: “No era porque yo fuera buena, sino porque soy parte de la familia. ” Y reflexionó, ¿no es eso de lo que se trata la gracia? Dios no nos ama porque somos buenos, sino porque somos suyos. Todos los seres humanos somos hijos de Dios, porque sólo hay un creador. No hay excepciones a esta declaración.

En segundo lugar, a través de las edades, muchos han tratado de ser exclusivos en lugar de inclusivos hacia otros. Incluso hoy en día, hay personas que no dan la bienvenida a las otras personas en sus lugares de culto debido a su clase social, raza, etnia, orientación sexual, estado de la relación, país de origen, lengua primaria u otras características.

Tercero, para los cristianos católicos, la exclusión es errónea. Todas las personas en la Tierra, debemos dar la bienvenida a todos las demás

para adorar al Señor, porque todas las personas son nuestros hermanos y hermanas. Después de todo, “católico” significa “universal”.

A medida que continuemos nuestro viaje de vida esta semana, sería una buena idea reflexionar sobre lo inclusivos que somos. ¿Damos la bienvenida a todos en nuestra parroquia?

Y estas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este vigésimo domingo del Tiempo Ordinario, 2017.

                                                                                                                                               

Story source:  Daniel Montgomery and Timothy Paul Jones.  “Because I’m Yours: The

Little Girl Who finally Went to Disney World.”  Proof: Finding Freedom through the Intoxicating Joy of Irresistible Grace, Grand Rapids, MI: Zondervan.