Hoy los cristianos católicos celebran el vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario.
En este día, leemos un pasaje muy interesante del Evangelio de Mateo sobre lo que pertenece a Dios y lo que pertenece al Estado. En el pasaje, algunos fariseos estaban tratando de atrapar a Jesús en su discurso. Para hacer esto, le preguntaron a Jesús: “¿Es lícito pagar el impuesto al César o no?”.

Jesús les pidió una moneda que tuviera la imagen de César y le preguntó: “¿De quién es esta imagen y de qué inscripción?”. Cuando respondieron que era la imagen y la inscripción de César, Jesús dijo: “Entonces recompense a César lo que pertenece a César y Dios lo que pertenece a Dios”.

Durante siglos, filósofos, teólogos, políticos y otros han debatido el significado de este pasaje y cómo se relaciona con varios ámbitos de la vida humana.

Hoy, por ejemplo, las personas a menudo debate desde dónde vienen los derechos civiles. ¿Vienen del gobierno? ¿O vienen de Dios?

Para responder a esto, hay que recordar que los “derechos civiles”, a diferencia de los derechos políticos, se refieren a derechos que garantizan igualdad de oportunidades sociales y protección equitativa según la ley, independientemente de características como raza, religión, género, orientaciones sexuales y similares.

Algunas personas creen que nadie tiene derechos civiles a menos que el Estado les conceda tales derechos. Para estas personas, Dios no tiene nada que ver con tales derechos. Las personas que sostienen esta opinión creen que los derechos civiles pueden otorgarse o quitarse por el capricho de un electorado o de un gobierno.

Otros, como yo, argumento que los derechos civiles provienen de Dios, y que el Gobierno simplemente refleja esto cuando publica tales derechos. En mi opinión, este punto de vista es, el único punto de vista católico cristiano correcto.

Un hombre que creía firmemente que los derechos civiles provienen de Dios y estaba dispuesto a luchar por sus creencias fue un hombre increíble llamado Juan Markoe, una estrella de fútbol, ​​soldado, leñador, alcohólico, sacerdote jesuita, maestro y campeón de los derechos civiles.

Juan nació en 1890 en una familia adinerada. En 1910, ingresó a la academia militar en West Point. Entre sus amigos estaba Dwight Eisenhower, que un día se convertiría en el trigésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos. En West Point, Juan jugó fútbol contra algunos de los grandes de todos los tiempos como Knute Rockne y Jim Thorpe.

Cuando se graduó en 1914, el libro de año decía de él: “Poseyendo capacidades ilimitadas, hay muy poco de lo que él es incapaz de realizar”. Sin embargo, cuando se graduó como teniente, enfureció a sus compañeros al ser el único de cadete afroamericano en West Point y bebía mucho alcohol.

Nueve meses después de su graduación, Juan perdió su comisión debido a su alcoholismo, por lo que se convirtió en un leñador en Minnesota y luego se alistó en la Guardia Nacional. En el 1916, recuperó su comisión y luchó contra Pancho Villa en Mexico.

Mientras estuvo en México, recibió cartas frecuentes de su hermano Bill, un sacerdote jesuita que trabajaba con afroamericanos. Entonces, cuando fue dado de alta un año después en 1917, Juan, que se retiró como Capitán, decidió ingresar a los jesuitas.

En San Louis, que era una ciudad altamente separada, los afroamericanos católicos asistían a parroquias separadas, se les negaba la educación católica y se les prohibía la entrada a hospitales católicos. El arzobispo era notoriamente racista.

Después de la ordenación en el1928, el padre Juan fue asignado a la parroquia Santa  Elizabeth, ahí vivían solamente afroamericanos.

A pesar de algunas recaídas alcohólicas, el padre Juan se lanzó a luchar por los derechos civiles para personas de todas las culturas y razas. Lo hizo a través de la predicación, la escritura y la organización. Para cuando llegó la década 1960, el padre Juan Markoe era un héroe muy conocido entre sus compañeros jesuitas debido a su trabajo por los derechos civiles. Incluso en sus años avanzados, el padre Juan les dijo a sus compañeros jesuitas: “Nunca den una pulgada”.

Cuando murió en 1967, su amigo, el padre Henri Renard dijo en su homilía, “Juan Markoe es uno de los héroes anónimos como el quería del movimiento por los Derechos Civiles. Modesto y que durante sus cincuenta años trabajando con la comunidad afroamericana, nunca buscó atención por sí mismo. Al igual que San Ignacio Loyola, otro ex soldado convertido sacerdote, encarnó el ideal jesuita de ‘hombres para otros’ “.

Del mensaje de Jesús, hoy, cada uno de nosotros necesita reflexionar sobre el papel de Dios en términos de la dignidad de todos los seres humanos”. …

Primero, reconocemos que todas las personas son hijos de Dios. Si no es así, ¿en cuántos creadores crees?

Segundo, los cristianos católicos estamos llamados a respetar la dignidad de todas las personas. La Iglesia, como sabemos, ha fallado en el pasado para hacer eso mismo, y sigue fallando en hacerlo de muchas maneras. Sin embargo, muchos en la Iglesia continúan la lucha para lograr que la acción de la Iglesia esté en armonía con nuestra teología.

Y tercero, los cristianos católicos estamos llamados a trabajar para hacer de este un mundo mejor, y una de las formas en que estamos llamados a hacerlo es luchar por los derechos civiles de todas las personas.

Y estas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario.

                                                                                                                                               

Story source:  Pat McNamara.  “Juan Marcoe, S.J.: Football Star, Soldier, Alcoholic,

Priest, and a Civil rights Activist A Few Decades Ahead of the Rest.”  Pathos, February 22, 2011.