Hoy los cristianos católicos celebramos el quinto domingo de Pascua.
Hoy en el Evangelio de Juan, escuchamos a Jesús decir a sus discípulos:

“Yo soy la Vid verdadera y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más Fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo., si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanece en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mi nada pueden hacer” (Juan 15: 1-5).

Cuando muchas personas leen este pasaje, imaginan que “podar” significa que las ramas muertas se cortan y se queman. Y las otras ramas aún unidas a la planta se vuelve más fructífera. Pero en algunos casos, el jardinero resiembra la rama podada, y esta rama crece y florece por sí misma. En muchas de las veces olvidamos este tipo de podacion.

En la siguiente historia, escucharemos cómo una mujer llamada Leisl Stoufer aprendió cómo Dios la podó. Como resultado, no solo creció, sino que Dios bendijo las ramas que cortó y ellas también están floreciendo.

Leisl es una mujer devota que atesora la Biblia e intenta vivir según sus principios. Ella nunca tuvo un problema con la idea de que Jesús fuera una vid, y ella una rama. Ella siempre creyó que, al estar cerca del Señor, ella daría mucho fruto. Pero como muchas personas, nunca se enfocó demasiado en la parte de “podar”, porque podar significa cortar y cortar puede ser aterrador y doloroso.

Sin embargo, Dios, le enseñó a Leisl que a veces podar es bueno no solo para la persona que está podada, también puede ser buena para la parte que se poda. Ella aprendió esto por dos experiencias.

La primera experiencia de Leisl sucedió con su ministerio juvenil. Seis años antes, Leisl fundó un ministerio juvenil para su iglesia. Ella amaba este ministerio intensamente. Durante seis años, ella cuidó, alimentó y derramó su corazón y su alma en este grupo de jóvenes. Ella amaba a la juventud, y también a ella la amaban. Ella encontró una gran alegría en servir a este grupo, y siempre agradeció a Dios por haberle elegido como servidora.

Entonces, Dios comenzó a llamar a Leisl a nuevos desafíos y llamados en su vida, por lo tanto, tuvo que dejar el ministerio juvenil. Con un corazón pesado, dejó el ministerio a un nuevo líder. El nuevo líder y el grupo florecen sin Leisl. Dios permitió que Leisl desarrollara el grupo, pero ahora era el momento de irse. Así fue como Dios podó a Leisl la primera vez.

Luego, Leisl se vio obligada a tomar otra decisión dolorosa, una decisión que fue incluso más difícil que abandonar el ministerio juvenil. Su hijo de quince años, Cody, tenía una enfermedad mental grave. Durante los últimos años, le había estado diciendo a Leisl que quería ir a Texas a vivir con su padre. Dejar ir a su hijo fue lo más difícil que Leisl hizo, pero sabía que era la voluntad de Dios para ella y para Cody. Por segunda vez, Leisl fue podada.

El grupo de jóvenes que Leisl dejó está en un nuevo viaje con su nuevo líder, y está floreciendo. Del mismo modo, su hijo y su padre están en un viaje propio, y están floreciendo. Mientras tanto, Leisl ahora está creciendo en nuevas direcciones y explorando vías que ella nunca imaginaba que sería llamada a viajar. Eso es lo que sucede cuando la poda se realiza correctamente.

De las Escrituras y de la historia de Leisl, podemos aprender muchas cosas. Aquí hay solo tres.

Primero, como una vid, nosotros también debemos permanecer conectados a la planta principal. Nuestra “planta principal” es, por supuesto, Dios. Permanecemos conectados mediante la oración diaria, viviendo nuestras vocaciones lo mejor que podemos y sirviendo a Dios sirviendo a los demás.

Segundo, los “frutos” de los que Jesús habla se refieren a dos cosas diferentes. Por un lado, las frutas se refieren a todas las bendiciones que tenemos, tales como nuestra familia, amigos, talentos y demás. Pero los frutos también se refieren a cómo vivimos nuestras vidas. Cuando vivimos de acuerdo con la voluntad de Dios, ese es el “fruto de la vid”. Entonces la gente puede ser pobre, estar en prisión, enferma de muerte, o lo que sea, y sin embargo ser fructífera es decir si vive a la luz de Cristo a través de sus acciones.

Y tercero, los tiempos de podar pueden ser dolorosos. Al igual que Leisl en esta historia, el podar a menudo significa que sufrimos pérdidas en nuestras vidas. Sin embargo, estas pérdidas a menudo nos ayudan a crecer y florecer de maneras nuevas y emocionantes. Las personas que han vivido largas vidas, después de reflexionar, a menudo dicen que los tiempos de mayor crecimiento espiritual se produjeron debido a los momentos de tristeza y pérdida: los tiempos de poda.

A medida que continuemos nuestro viaje de vida esta semana, sería una buena idea reflexionar sobre los tiempos que Dios nos ha quitado. ¿Qué fue esa vida? ¿Cómo hemos crecimos desde que nos podo?

Y estas son las buenas noticias que tengo para ti en este Quinto Domingo de Pascua, 2018                                                                                                                                               

Story source:  Leisl Stoufer.  “I Got Pruned! (A Story of The Vine and The

Branches). Bold Faith Ministries, November 1, 2012.