Hoy, los cristianos Católicos celebramos la fiesta de Pentecostés, en particular, consideramos que Pentecostés es el cumpleaños de la Iglesia Católica y del Cristianismo en general.

En los hechos de los Apóstoles, escuchamos que, “El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venia del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducia a expresarse.” (Hechos 2: 1-4).

La Escritura continua diciendo que en esos días había en Jerusalén, muchos grupos de personas que hablaban en diferente lenguas. Dios hizo posible que todos comprendieran lo que los discípulos estaban diciendo. No hace falta decir que todos se quedaron asombrados de este milagro.

Todas las fiestas del Cristianismo de ahora no tienen el mismo sabor de Pentecostés. Pentecostés es todo entusiasmo, energía, poder y fervor misionero. Es una cuestión de fervor y entusiasmo. Es como el lanzamiento de un cohete que nada puede detener.

Muchos cristianos han tratado de volver a capturar la energía y el fuego del Espíritu. Sin embargo, desafortunadamente, se han equivocado en pensar que la experiencia de Pentecostés es un estado emocional del ser humano. Y, si bien es cierto es divertido de vez en cuando, darnos un capricho de dinamizar las actividades del culto, debemos recordar que nuestra religión no se basa en emoción, si no en la dura creencia y en el trabajo continuo. A menudo el trabajo del Espíritu es una tarea difícil por ser los ojos, los oídos, las manos y la boca de Jesús. Es decir, que cumplir nuestro mandado misionero es un trabajo difícil. El gran Poeta Americano, Henry Wadsworth Longfellow, capturó esta idea cuando dijo: “Los hombres no han logrado las grandes alturas en un vuelo repentino, porque mientras sus compañeros duermen, ellos se esfuerzan hacia arriba en la noche.” Hoy, pongo el ejemplo de servir en un idioma distinto al suyo, ya que es una las partes más difíciles del ministerio de muchos sacerdotes en la Diócesis de Raleigh.

En la Diócesis de Raleigh, se espera que todos los sacerdotes puedan celebrar la misa y los demás sacramentos en ambos idiomas en inglés y español. Aunque los inmigrantes que hablan español son diligentemente en estudiar inglés, la adopción de un nuevo idioma es la última cosa que le piden a Dios. Por ejemplo, cuando quiero determinar qué tan asimilados son los niños feligreses inmigrantes, les hago dos preguntas: primero “Cuando hablas con Dios en la intimidad de tu corazón, ¿qué idioma utilizas?” Y segundo “Cuando estás a solas con tu hermano o hermana en su habitación de noche, ¿qué idioma hablas?” Estas dos preguntas me dicen todo.

Aprender un nuevo idioma es fácil para los niños más pequeños, porque sus cerebros son como esponjas que absorben todo. Sin embargo, en el caso de los adultos, el aprender un nuevo idioma es un trabajo difícil. El Espíritu Santo no llega y de repente ZAS tiene uno la capacidad de hablar en un nuevo idioma. Sólo tienes que preguntar a cualquier inmigrante lo difícil que es aprender un nuevo idioma. Sólo tienes que preguntar a cualquier sacerdote o seminarista lo difícil que es aprender un nuevo idioma. Por lo general, el promedio de los feligreses cuando piensa en el trabajo del párroco, no piensa en los minutos, horas, días, semanas, meses, años, e incluso décadas de arduo trabajo que pone en aprender un nuevo idioma para que pueda servir mejor a la gente.

En el seminario, uno de mis profesores nos dijo que “el amor cubre multitud de pecados.” En este contexto, estaba hablando acerca de la idea de que nuestros futuros feligreses perdonaran nuestros errores en un idioma que no es el idioma principal, es más nuestro amor hacia ellos que hablar perfectamente Español, y en gran medida, esto es verdad. Sé de muchos ejemplos, algunos incluso, aquí mismo, en nuestra Diócesis, donde un sacerdote que habla Español ha tratado a los feligreses hispanos muy mal, mientras los sacerdotes que hablan Inglés los tratan bien. La gente conoce la diferencia.

Pero como todo el mundo que se enfrentan a servir en un nuevo idioma sabe, que solo el amor puede llevarte tan lejos pero si necesitas saber dónde está el baño, el amor no es suficiente. Necesita saber las palabras para decir “dónde” y “el baño”.

Afortunadamente, aunque el Espíritu no derrame un nuevo idioma en nuestro cerebro al instante, el Espíritu nos da una herramienta absolutamente esencial en la búsqueda de aprender un nuevo idioma, el sentido del humor. Sin humor, aprender un idioma sería absolutamente aburrido. Por ejemplo, recuerdo cuando yo era un seminarista estudiando español en Guadalajara, México. Un día, le pregunté a un hombre joven que si sabía Inglés, y él me contestó, “no, lo único que se en Inglés es lo que necesito saber, por ejemplo: ¡Te necesito! ¡Te amo¡ ¡no puedo vivir sin ti!” nos la pasamos riéndonos de esto. También uno tiene que ser capaz de reírse cuando uno usa las palabras incorrectamente, como, por ejemplo, ir a un restaurante y pedir un “pescador” en la cena en lugar de “pescado”.

La moral de la historia es que el trabajo del Espíritu es un trabajo difícil, que no solo exige gran energía, perseverancia, sino también el tiempo. La obra del Espíritu no se trata de “sentirse bien” todo el tiempo. Se trata de hacer frente a los desafíos y los fracasos, pero nunca darse por vencido.

¿Cómo está el Espíritu obrando en tu vida? ¿Qué tipo de retos tiene usted en su vocación? ¿Cómo funciona el sentido del humor que le ayuda a cumplir con sus obligaciones?

Y esas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este día de Pentecostés de 2013.