Hoy, los cristianos católicos celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. En este día, se nos recuerda que aunque creemos en un solo Dios, creemos que en Dios hay Tres Personas Divinas—Dios padre, Dios hijo, y Dios Espíritu Santo.

Si bien, el concepto de la Trinidad nunca es mencionada en la Biblia, hay muchas referencias a Tres Personas. Por ejemplo en la lectura de hoy, en la carta de san Pablo a los romanos, leemos acerca de Jesús (Quien es el hijo de Dios), “Dios”, que en este contexto se refiere al Padre y al Espíritu Santo.

En esta lectura, recibimos un mensaje que requiere una segunda revisión. Leemos, “…nos gloriamos hasta de los sufrimientos, pues sabemos que el sufrimiento engendra la paciencia, la paciencia engendra la virtud sólida, la virtud solida engendra la esperanza, y la esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones per media del Espíritu Santo, que el mismo nos ha dado” (Romanos 5: 3-5). Hoy, en los Estados Unidos, tenemos dos refranes que captan este mensaje. El primero es, “lo que no te destruye te hace más fuerte.” El segundo es, “Cuando la vida te da limones, hay que hacer limonada.” En otras palabras, las tribulaciones y las luchas de nuestras vidas puede ayudarnos a crecer y prosperar y esto es exactamente lo que vemos en la vida de Wilma Rudolph.

Wilma Rudolph, la vigésima hija de entre veintidós hijos, nació el 23 de junio del 1940 en una familia afroamericana muy pobre que vivía en las interioridades de Tennessee. Ella nació prematuramente, y su supervivencia era dudosa por un tiempo, porque cuando tenía cuatro años de edad, contrajo neumonía y una fiebre tan alta que le dejó su pierna izquierda paralizada. Debido a la parálisis, ella tenía que usar una pierna de hierro. Afortunadamente, su madre continuamente le daba ánimo, diciendo que ella podía hacer todo lo que quisiera hacer con su vida. Su madre le dijo a ella que todo lo que necesitaba para tener éxito, es la fe, el coraje, la persistencia y un espíritu fuerte.

Cuando Wilma era una niña, solía quitarse los soportes de la pierna y a menudo sus hermanos y hermanas se turnaban para masajear su pierna. Su madre, una empleada doméstica, manejaba noventa millas de ida y vuelta todas las semanas, para llevar a Wilma a su terapia.

A la edad de nueve años, Wilma, finalmente salió de sus aparatos ortopédicos para siempre. Ella comenzó a caminar e hizo notables progresos aunque sus médicos le dijeron que nunca sucedería. Cuando tenía once años, sus hermanos colocaron un aro para jugar baloncesto en el patio de su casa y Wilma se obsesionó en jugar baloncesto. También se le metió en la cabeza que iba a convertirse en la mejor mujer corredora en todo el mundo.

A la edad de trece años ingresó a una carrera y llegó en el último lugar, sin embargo, continuó inscribiéndose en todas las carreras que podía, en la escuela secundaria, pero siempre quedaba en el último lugar. Todos sus amigos le suplicaban que ya no compitiera más, pero ella se negaba. Sin embargo, un día, no quedo en el último lugar, y llegó al segundo, y a partir de ese día, se convirtió en mejor y mejor. Después, Wilma ya ganaba todas las carreras en que participaba.

Después de graduarse de la escuela secundaria, Wilma se dirigió a la Universidad del estado de Tennessee, donde conoció al entrenador, Ed Temple. Ed, observo que Wilma no era una simple deportista. Por el contrario, ella tenía un espíritu increíble y un gran talento natural. Él trabajó con ella muy bien, que Wilma se dirigió a Roma para participar en los Juegos Olímpicos del mundo en el 1960. En las Olimpiadas del mundial de 1960, Wilma ganó tres medallas de oro en la pista y en el campo, ella es la primera mujer en la historia en ganar tres medallas en un solo Juego Olímpico.

Wilma Rudolph no se limitó a sólo ganar en los deportes. En lugar de ello, ella utilizo su capacidad de liderazgo, pasión y sentido de la justicia para trabajar por los derechos civiles de los afroamericanos. También utilizó su fama para alentar a las personas para que tengan éxito en el mundo de los deportes.

El 12 de noviembre del 1994, a la edad de 54 años, Wilma Rudolph murió de cáncer del cerebro en Nashville, Tennessee. La NBC hizo una película sobre su vida, llamada “Wilma”.

Cuando leemos historias de esas personas increíbles, es bueno reflexionar sobre ellos, ya que de hecho se reflejan en la Sagrada Escritura. En efecto, mirando la vida de Wilma Rudolph en la carta de San Pablo a los romanos, vemos que la aflicción puede conducir a la resistencia, y la resistencia puede conducir a demostrar carácter, y el carácter puede llevarnos a la esperanza. Aquí hay tres cosas que creo que podemos sacar de la escritura y de la historia de Wilma Rudolph

En primer lugar, la idea de tratar con las aflicciones puede producir resistencia y fuerza que son bien conocidas. Cuando los atletas participan en actividades extenuantes físicas, construyen músculos. Del mismo modo, cuando la gente tiene un programa espiritual habitual para hacer frente a un vicio, como por ejemplo los alcohólicos anónimos que luchan contra el alcoholismo, el resultado a menudo es un crecimiento espiritual muy notable.

En segundo lugar, cuando miramos la historia de Wilma, vemos que había muchas personas detrás de ella, como su madre, sus hermanos y hermanas, y su entrenador. Como Wilma, usted y yo tenemos a Dios con nosotros, para dar cada paso en el camino. El Espíritu Santo está vivo y trabaja en cada uno de nosotros para ayudarnos a superar todos los obstáculos que pueden bloquear nuestro camino.

Y, en tercer lugar, tenemos que recordar que no todas las puertas en las que queremos entrar se van abrir. A veces Dios permite que se cierre una puerta, porque él tiene una puerta distinta en mente para nosotros. Por lo tanto, nunca debemos considerarnos un “fracaso” cuando hemos intentado hacer algo y no funciona.

A medida que continuamos nuestro viaje por la vida en esta semana, sería una buena idea reflexionar sobre cómo nuestras luchas contra la adversidad nos han hecho más fuertes, y más espirituales.

Y esas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este Domingo de la Trinidad de 2013.