Hoy los cristianos católicos celebran el decimocuarto domingo del tiempo ordinario.
En este día, escuchamos a San Pablo decir a los Romanos, “Hermanos: ustedes no viven conforme al desorden egoísta del hombre, sino conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en Ustedes. Quien no tiene El espíritu de Cristo, no es de Cristo” (Romanos 8: 9).  Pablo luego nos recuerda, “…Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán” (Romanos 8: 13).

La idea de “vivir en el Espíritu” es algo que la mayoría de nosotros no pensamos muy a menudo -. Sin embargo, este concepto es muy importante, porque como cristianos, es nuestro trabajo ser luces para el mundo, para reflejar a Cristo en todo lo que hacemos.

Por eso, antes de hablar sobre “vivir en el Espíritu”, veamos una historia contada por Anita Kennedy cuando fue Misionera Voluntaria en el país africano de Sierra Leona.

Un día, Anita regresaba a su casa de una aldea de Sierra Leona. Como de costumbre, tenía su pequeña mochila roja sobre sus hombros. Los niños del área sabían que Anita usualmente tenía su cámara en la mochila. Mientras caminaba por el sendero, escuchó el sonido de niños pequeños procedentes de un mango. Aunque no podía verlos, los oyó decir, “Anita, Anita, tómanos una foto”.

Cuando Anita llegó al árbol, vio las hermosas caras sonrientes de los niños que la miraban. Ella sabía que esto sería una gran foto. Así, sacó una foto directamente en el árbol, capturando a todos los niños en la película.

Más tarde, Anita envió la película a su hermano, quien envió copias de la foto para que cada niño pudiera tener una. La noticia de que las fotos habían llegado se extendió como un incendio forestal a través del pueblo – “Las fotos están en!”

El pequeño Mohammed llevó con impaciencia a su madre a la casa de Anita y dijo: “Anita, he oído que tienes las fotos. ¿Es eso cierto?”

-Sí, Mohammed. Tengo las fotos.

Después de darle al niño su copia de la foto, Mohammed miró la instantánea e identificó a cada uno de los niños en la foto. Es decir, identificó a todo el mundo excepto a un niño – a sí mismo. Usted ve, en su pueblo, no había espejos, por lo que nunca había visto lo que parecía. Señalando, su madre dijo suavemente, “Mahammed, este eres tú”.

Anita estaba asombrada, pues nunca se había dado cuenta de que las personas de este pueblo nunca se habían visto en los espejos. Anita se dio cuenta de que en este pueblo, el pequeño Mohammed, al igual que los otros niños, sólo se veían a través de los espejos humanos. Cuando se saludaban diciendo: “¿Cómo estás hoy?” O “Siento que estes enfermo” o “Eso no es algo bueno que estás haciendo”, aprendieron quiénes eran.

Esa noche, antes de que Anita se fuera a dormir, dijo una oración muy especial. Ella le dijo a Dios: “Si los espejos modernos vienen a este pueblo, por favor, no dejes que las personas aquí pierda sus espejos humanos”.

Si eres como yo, la primera vez que me encontré con esta historia, me sorprendió. Era difícil para mí comprender el concepto de una persona que nunca había visto su reflejo antes. Asimismo, me sorprendió que la única forma en que las personas de este pueblo sabía quiénes eran era cómo los demás los trataban e interactuaban con ellos. Ni hay que decir que uno podría reflexionar sobre esto durante muchos días.

Hoy, escuchamos a San Pablo decirnos que cuando el Espíritu vive en nosotros, debemos actuar como él. Pero, ¿qué significa “vivir en el Espíritu”?

Cuando San Pablo habla de vivir en el Espíritu, se refiere a la idea de que el Espíritu Santo está vivo y trabaja en nosotros. El Espíritu Santo es, como sabemos, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. A veces el Espíritu se llama Consolador, Abogado, Consejero, o Maestro.

Pero a diferencia de Dios el Padre que es identificado como el Creador del Universo, ya diferencia de Dios el Hijo que es identificado como Jesucristo nuestro Redentor o Salvador, el Espíritu Santo no es tan fácil de discutir. Tal vez sea porque desde el punto de vista artístico, el Espíritu no es fácil de convertir en algo concreto como Dios el Padre como un anciano sentado en un trono de oro, o Dios el Hijo como un hombre llamado Jesucristo. Más bien, el Espíritu ha aparecido a través de los siglos en formas muy misteriosas y diferentes – como lenguas de fuego, como paloma, como viento y como abogado.

A pesar de la dificultad de presentar el Espíritu Santo concretamente, creemos que vivir en el Espíritu significa que estamos llenos de energía, celo y amor. Significa que somos como lámparas que brillan para que otros vean la luz de Cristo en nosotros. Y recordamos que como seguidores de Jesús, somos llamados a ser luces al mundo (Mateo 5: 14).

Ser luces al mundo, o estar llenos del Espíritu, significa que reflejamos a Dios en nuestras acciones. Significa que el lenguaje que usamos es limpio. Significa que nuestras acciones reflejan las virtudes que profesamos que valoramos. Así que si decimos que valoramos la virtud de la generosidad, por ejemplo, eso significa que necesitamos ser realmente generosos. Estar llenos del Espíritu significa seguir los mandamientos de Cristo, mandamientos tales como dar la bienvenida al extraño, dar de beber a los sedientos, enseñar a los ignorantes, visitar a los que están en la cárcel, consolar a los que están en la tristeza, perdonar a los que nos hacen daño y muchos otros.

A medida que continuemos nuestro viaje de vida esta semana, sería una buena idea para reflexionar sobre cómo podríamos hacer el caso de que, de hecho, tenemos “vida en el Espíritu”.

Y estas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este Decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario, 2017.

                                                                                                                                               

Story source:  Anita Kennedy.  “The Human Mirrors of Community.”  Joseph G. Heeley

(Ed.), Once Upon a Time in Africa: Stories of Wisdom and Joy, Maryknoll, NY:  Orbis Books, 2004.